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MINDFUL EATING (ALIMENTACIÓN CONSCIENTE) - Clínica de Adelgazamiento en Albacete

¿Qué es “Mindful Eating”?

 

En el blog de hoy, trataremos de explicar qué es Mindful Eating (que puede traducirse por Alimentación Consciente), y os contaremos cuáles son los numerosos beneficios que podemos obtener con su práctica. Pero así como no podemos “construir una casa empezando por el tejado”, tampoco podemos hablar de Mindful Eating sin antes conocer algunas nociones básicas sobre lo que es o significa Mindfulness.

Es muy frecuente en la actualidad, llevar un estilo de vida con una carga importante de tareas y obligaciones que atender, con cierta sensación de asfixia porque vemos que nos cuesta llegar a todo y con prisas corriendo de un lado para otro como pollos sin cabeza.

Aprender a pararnos y bajarnos de esa montaña rusa constante para poder saborear y disfrutar de lo que vivimos en cada momento, es decir, vivir el “aquí y ahora” o “estar presente” es el objetivo básico de la práctica y la filosofía del Mindfulness, una filosofía que proviene del budismo y que está basada en la capacidad de vivir el presente sin que la mente se disperse o se despiste debido a otras cosas (preocupaciones, pensamientos, imágenes, recuerdos, etc.).

Mindfulness podemos traducirlo como Atención plena y consciente. Es la conciencia que surge al prestar atención de una manera determinada: a propósito, en el momento presente, con apertura y curiosidad y “sin juzgar”; y quizás esto último sea lo más difícil, pues uno puede estar en el presente, pero estar pensando: “esto me gusta, esto no, esto es bueno o es malo, debería, no debería…”.

Nuestra mente está constantemente categorizando y juzgando; es entonces cuando se nos va complicando un poco esto de estar en el presente. Así, podríamos decir que Mindfulness es un conjunto de técnicas y ejercicios mentales que nos permiten entrenar a la mente para fortalecer la actitud de estar presente, de forma consciente en el “aquí y ahora”.

Si bien, la mejor manera de comprender y acercarnos a la experiencia de Mindfulness sería a través de la práctica, experimentando en nuestra propia piel lo que es estar y ser plenamente conscientes de lo que hacemos en el momento en  que lo hacemos, entendemos que llevar a cabo este cometido en un blog resulta algo complicado. Así que os pondremos algún ejemplo para que el concepto se entienda mejor.

A quién no le ha ocurrido, probablemente más de una vez, ir todos los días andando por el mismo camino, por ejemplo, de casa al trabajo y del trabajo a casa, y que alguien nos diga: “Oye, ¿has visto la frutería que han abierto en la esquina de no sé qué calle? Y ni siquiera te habías percatado de su existencia, a pesar de que pasas por ahí todos los días!… ¿Y esto por qué ocurre?… Porque vamos constantemente en piloto automático, muy metidos en nuestra cabeza, pensando en todo lo que tenemos que hacer mañana o en nuestras preocupaciones, es decir, enfocados en el futuro, o pensando en lo que hicimos o dejamos de hacer ayer, enfocándonos en el pasado, pero muchas veces no somos conscientes del momento presente.

Y esto no es una tarea sencilla, pues nos pasamos la mayor parte del tiempo en el pasado o en el futuro y nos cuesta trabajo estar en el presente, es decir, nuestra mente va saltando continuamente de acá para allá, de un pensamiento a otro, y le cuesta estar quieta, simplemente observando y viviendo, olvidándonos así de disfrutar de lo que hacemos en el momento en que ocurre.

Una de las metáforas que más solemos utilizar con los pacientes para explicarles de una forma más gráfica todo esto es la “metáfora de la ducha”. Cuando nos levantamos por la mañana y vamos a realizar una actividad tan personal e íntima como es la ducha, que supuestamente es una actividad tuya, y de pronto en tu ducha metes a tu jefe con el que tienes una conversación pendiente cuando llegues al trabajo, a tu pareja con la que discutiste ayer y tienes un problema que resolver, el informe que tienes a medio, la carga de correo electrónico que está sin contestar, la reunión que vas a tener a las seis de la tarde, metes a tus hijos, a tus amigos… Y un acto tan íntimo y privado como es una ducha, y que debería ser un momento de satisfacción personal y de bienestar, lo acabas convirtiendo en un acto público. Claro, ¿Cómo vamos a empezar ya el día con una ducha así? Pues con una carga de estrés considerable.

Si en lugar de esto, tratásemos de dedicar toda nuestra atención a esa ducha, por ejemplo, siendo conscientes de la temperatura del agua, de cómo se desliza por nuestro cuerpo, del rico aroma del gel de baño, y en general, de todas las sensaciones agradables que nos produce el simple hecho de darnos una ducha, empezaríamos nuestro día sin esa carga de estrés y conseguiríamos disfrutar plenamente de ese ratito.

Luego, lo que estamos haciendo básicamente cuando practicamos Mindfulness es prestar atención a todos y cada uno de los aspectos de nuestra experiencia presente, bien sean eventos internos, como nuestras sensaciones corporales, emociones y sentimientos o pensamientos, bien sean eventos externos (lo que vemos, olemos, escuchamos, tocamos y saboreamos, a través de nuestros sentidos).

Cepillarnos los dientes, pasear por una ruta familiar, ducharnos, conducir, cocinar, etc.; serían algunos ejemplos de actividades rutinarias a las que no prestamos atención. Pero también es muy común no prestar atención al simple acto de comer o beber una taza de café.

¿Quién no ha llegado a casa por la noche cansado después de trabajar, con hambre, y se ha sentado a cenar mientras miraba y escuchaba con atención un capítulo de su serie favorita? ¿O sentarnos a comer y a la vez estar pensando en otras cosas?… ¿Y qué pasa entonces? Que en menos que canta un gallo nos hemos terminado toda la comida del plato sin apenas darnos cuenta y sin ser conscientes del sabor de la comida, la textura, el aroma, de la riqueza visual de colores y formas, etc. A esto lo llamamos “comer en piloto automático”, y  esto es mucho más frecuente y habitual de lo que pueda parecernos. Por tanto, lo que persigue precisamente Mindful Eating es aprender a salir de ese piloto automático cuando comemos, es decir, aprender a comer atentos, con todos los beneficios que esto conlleva para nuestra salud, tanto física como emocional, en contraposición a las consecuencias que acarrea el comer distraídos.

¿Qué implica comer en piloto automático? Entre otras cosas, implica comer impulsados por las emociones ignorando las sensaciones reales de hambre y saciedad de nuestro cuerpo. Implica comer de forma rutinaria porque es lo que hacemos habitualmente, porque es la hora, y a veces sin hambre. Realizar múltiples actividades mientras comemos (navegar por Internet, ver la televisión, conducir o hablar mientras comemos) y con ello, no prestar atención al propio acto de comer. Continuar comiendo a pesar de tener sensación de saciedad. Acabar con toda la comida que hay en el plato, tengamos o no tengamos hambre. Comer para aliviar nuestras emociones “negativas” o aquellas que nos generan malestar. Comer como si estuviésemos “en trance”. Creer que no podemos tener conciencia de cómo comemos o pensar que tus ideas sobre lo que deberías o no deberías comer dominen tu forma de comer.

Entonces, ¿en qué nos ayudan las prácticas de Mindful Eating?

Dicho de una manera sencilla, vamos a aprender a ser conscientes de lo que comemos, a sentir, saborear y disfrutar los alimentos al conectar con las sensaciones que nos produce el acto de comer utilizando los cinco sentidos (vista, gusto, olfato, tacto, oído), a ser conscientes de cuánto comemos, porque es muy habitual comernos todo lo que tenemos en el plato, sin pararnos a notar cuándo nuestro cuerpo ya no necesita más comida, cómo comemos (rápido, lento…), y por qué o para qué comemos (¿estoy comiendo porque tengo hambre o por otra serie de motivos?)…Toda esta serie de cuestiones las podemos contestar practicando la alimentación consciente.

Por otro lado, según los expertos, el hombre nace con una especie de sensor para detectar si tiene hambre física o no, pero con el paso del tiempo se desajusta porque en muchas ocasiones hemos comido sin tener esa necesidad, lo que hace que se pierda la función. La clave está en volver a recuperar esa capacidad y eso se consigue a través de las prácticas de Alimentación Consciente, pues estas implican aprender a conectar con nuestras señales corporales.

Porque, ¿sabemos normalmente si tenemos hambre o no?, ¿cómo está nuestro cuerpo cuando vamos a comer?, ¿solemos plantearnos cuánta hambre tenemos cuando vamos a comer?, ¿alguna vez nos paramos a pensar si estamos comiendo por hambre o quizás porque estamos nerviosos o preocupados por algo?  Porque como hemos comentado en blogs anteriores, comemos por muchos factores, no solo porque exista un hambre real o física. Por tanto, nos enseña a ser conscientes de las señales de hambre, de saciedad, de plenitud estomacal y de satisfacción, porque normalmente no somos conscientes de esto. A veces, uno come cuando ya tiene demasiada hambre o para de comer cuando ya está que no le cabe nada más, hasta arriba. Y no sabemos distinguir porque normalmente no nos han enseñado a esto.

Con Mindful Eating aprendemos a observar nuestras emociones antes, durante y después de comer, ayudándonos a contestar a la pregunta ¿por qué o para qué como?, ¿porque tengo hambre real o para satisfacer alguna emoción?… ¿creo que este alimento me va a hacer sentir mejor o me va a calmar, aunque sea por un rato? En este sentido, la alimentación consciente nos ayuda a “surfear el deseo” urgente que aparece por comer algún alimento concreto cuando tenemos hambre emocional. De igual forma, aprendemos a observar otras experiencias internas como: qué pensamientos o juicios me vienen a la mente cuando como (“esto engorda, esto no engorda, debería comerlo o no debería”…).

En resumen, Mindful Eating nos enseña cómo disfrutar la comida de forma consciente y sin remordimientos, dejando ir los pensamientos críticos hacia nosotros y nuestra relación con la comida. Uno de sus secretos: comer cuando aparece el hambre física y dejar de usar los alimentos como una anestesia emocional. Y así como dicen muchos expertos en Alimentación Consciente, su principal objetivo es “aprender a comer para vivir y no vivir para comer”.

¿Qué personas podrían beneficiarse más con la práctica de la alimentación consciente?

La evidencia empírica nos dice que las prácticas de alimentación consciente son muy efectivas en personas con trastornos por Atracón o que coman en exceso y de manera descontrolada; en otros trastornos de la conducta alimentaria como puedan ser la bulimia nerviosa o el síndrome del comedor nocturno; pero también funciona muy bien, por ejemplo, con personas que estén acostumbradas a comer muy rápido. Ya que la señal de saciedad emitida por nuestro cerebro tarda en llegarnos aproximadamente veinte minutos, si comemos muy rápido, no nos va a llegar esta sensación de saciedad, por lo que vamos a comer más y nos va a resultar más difícil “echar el freno de mano”.

La alimentación consciente también es una herramienta muy útil y muy potente para aprender a parar el hambre emocional, que como ya hemos comentado en otros post, es algo que a todo el mundo le ocurre en mayor o menor medida. Además, el hecho de que comer conscientemente nos lleve a poder disfrutar plenamente de lo que estamos comiendo, ya solo por esto, se podría decir que en general, todos podríamos beneficiarnos si ponemos en práctica en nuestro día a día esta forma tan particular de comer o de alimentarnos.