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La de la piña, la proteinada, la de los puntos, con batidos… ¿Quién no se ha puesto alguna vez a dieta por verano, un evento o importante o simplemente porque tenía que perder algo de peso?

Desde luego, desde hace muchos años, la pauta profesional para el exceso de peso ha sido una dieta estricta y aumentar el ejercicio, pero ¿qué tiene esto de cierto? ¿Es la mejor solución para conseguir perder y lo que es más importante, mantenerse libre de esos kilitos que te sobran? Pues la respuesta a esto es NO, y en este post te damos 3 buenas razones.

 

  1. No tienen nada que ver con tu forma de vida.

Las dietas cerradas no tienen nada que ver con lo que tú haces hasta ahora. En cada hogar hay unas costumbres diferentes, y en cuestión de alimentación no podía ser menos. A unos les gusta más la pasta, otros no pueden ni ver el pescado, algunos tiran mucho de congelados o tuppers ya preparados… Por eso, si cogemos un menú de internet que no tiene en cuenta ninguna de las costumbres que tenemos en casa, lo más probable es que nos cueste un esfuerzo terrible llevar a cabo el régimen.

Por ejemplo, imagínate que nunca has hecho sopa, y cuando vas a ver qué te toca para comer el martes, ves que pone sopa de pescado. Miras en internet, y aunque no sabes muy bien cómo hacerlo, compras lo necesario y te tiras una hora en la cocina para acabar comiendo pescado sumergido con un caldo insípido…

Otro ejemplo, hacer platos que en casa nunca han comido y no les gustan, ¿qué nos toca hacer entonces?, pues a cocinar dos menús diferentes, como si nos sobrara el tiempo…

Por eso, en el caso de que tú necesites una dieta o menú cerrado, deberá decidirlo un dietista-nutricionista, y si así lo considera, debe estar adaptado a tus horarios, gustos y familia. Aunque, en la mayoría de los casos, lo mejor será trabajar con un menú abierto en el que el paciente también pueda decidir qué cambios quiere realizar.

 

  1. El temido efecto rebote

Muy relacionado con el apartado anterior, si yo hago un menú que no tiene nada que ver con mis hábitos, ¿Qué pasará cuando haya conseguido mi objetivo, o simplemente, me haya aburrido de la dieta? Pues que volveré a mis hábitos anteriores, porque no he tenido ningún proceso de aprendizaje en educación alimentaria, y por lo tanto, no conozco mis errores o los hábitos que debería mejorar.

Y con la vuelta a los hábitos anteriores, antes o después tendré también la vuelta de los kilos perdidos, junto con la frustración que supone verse igual que antes o con algún kilo extra después del esfuerzo realizado.

Por lo tanto, cualquier menú cerrado que no vaya unido a una buena educación alimentaria, será, antes o después, un fracaso en la pérdida de peso. Y cuando hablamos de educación alimentaria, no significa sólo saber que las verduras y frutas son buenas y que los refrescos y la comida a domicilio no.

Una buena educación alimentaria significa conocer los diferentes grupos de nutrientes y qué contiene cada grupo de alimentos, cómo debo proporcionar mi plato para que sea saludable, y cómo, según lo que como, organizo la cena. Y así, hasta aprender a organizar un menú saludable, aprender a planificarme, a tener un buen fondo de comida en la despensa…

  1. Te provocan ansiedad.

Ansiedad por no poder comer lo que te apetece. ¿Te ha pasado alguna vez que antes de empezar una dieta, te has dado un buen homenaje comiendo todo eso que sabes que no vas a poder comer? Pizza, hamburguesa, dulces… Es como un intento desesperado de placer antes de renunciar a lo que te gusta.

Consideramos que es un sacrificio necesario para conseguir nuestro objetivo pero, ¿realmente es necesario renunciar a todo de golpe? Pues realmente NO. No es necesario porque probablemente, empezarán a aparecer conductas alimentarias descompensadas, como por ejemplo; el día que te saltes un poco la dieta, pues ya que me la he saltado, me la salto y con razón, y entonces compro algo que estaba deseando comer y no podía. A esto habría que añadirle el malestar emocional a la mañana siguiente, cuando te acuerdas, y sientes una CULPA y una TRISTEZA que te inunda.

Pues todo esto ocurre cuando hacemos dietas cerradas, porque nos PROHIBEN muchos alimentos, y no hay nada tan maravilloso como prohibir algo para quererlo. Por lo tanto, la ansiedad relacionada con las dietas en otro de los motivos por los que las dietas no son un buen método para adelgazar, y sobre todo, para mantener el peso a largo plazo.

Bueno, pues estos tres motivos son MÁS QUE SUFICIENTES para afirmar que el «sacrificio´´ que supone seguir una dieta cerrada no es tan necesario ni tan eficaz como nos hacen pensar, así que, si en algún momento quieres perder peso y sabes que las dietas no son para ti, ven a visitarnos, y juntos descubriremos una nueva manera de entender la alimentación.